Roland Topor artísta pánico, fundador de este grupo junto con Alejandro Jodorowsky y Fernando Arrabal, patafísico, artísta multifuncional, dibujante, actor, director, escritor, quimérico inquilino, compositor de óperas románticas, cruel, cadáver,... un señor que quiso ser un imbécil, olvidarlo todo... nosotros no le olvidamos... lamentablemente una inmensa mayoría no llegó ni a conocerlo... solución...

 

Mientras esperaba, escondido detrás de un sillón, al pequeño Henry le latía el corazón muy aprisa. Eran las doce de la noche menos tres minutos. Muy pronto podría sorprender a Papá Noel y arrancarle, a fuerza de súplicas, el vagón correo que faltaba a su tren eléctrico.

Cuando se desgranaron las doce campanadas de la medianoche, trocitos de hollín empezaron a caer en los zapatos que el pequeño Henry había puesto debajo de la chimenea.

Después fue Papá Noel en persona quien hizo su aparición, con su bonito traje rojo manchado de hollín.

- ¡Buf! -hizo, y con voz de falsete y ceceando-: ¡Me he enzuziado todo!

Cuando se dio cuenta de la presencia de Henry, batió palmas.

- ¡Oh! ¡El maravilloso nenito! ¡Hola muchacho!

- Hola, Papá Noel...

El pequeño Henry estaba asombrado. No era así como imaginaba a Papá Noel. Este era joven, y más bien amanerado.

- Ven a zentarte en miz rodillitaz... Te daré caramelos.

Papá Noel se había sentado en el reborde de la chimenea. Henry se apresuró a obedecer. Los caramelos estaban muy buenos, y las caricias que los acompañaron dulces, muy dulces...

- ¿Dónde ez
tán tuz papáz? -preguntó Papá Noel con voz insidiosa.

- Mamá está en la montaña y papá duerme en su habitación -dijo seriamente el pequeño Henry.

- ¡Muy bien! Entoncez voy a zaludar a tu papá. Acueztate y zé bueno.

A paso de lobo, el hombre de rojo se deslizo en la habitación del papá de Henry.

Sin hacer ruido, se sacó sus grandes botas y se metió en la cama.

El padre, dormido, balbuceó:

- ¿Quién está ahí?

- Zoy Papá Noel -dijo Papá Noel. Y lo sodomizó.